"...Hay veces, que mi ser se cubre de oscuridad, y desearía escapar, muy lejos, a donde nadie me encuentre, y mi alma, pese al dolor, alcanza a guiar, si acaso, a mi mano izquierda..."

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lunes, 27 de mayo de 2013

NOVA-GEN ALPHA.

¿Cuándo comencé a ser escritor?

No lo sé, francamente no lo sé. Había escrito un par de cuentos en la escuela, y en las redes sociales me había vuelto bastante descriptivo (quizá demasiado). Siempre, más que otra cosa, me autodefiniría como dibujante, o como digo ahora, "dibujador". Sin embargo, he dejado de dibujar por largos lapsos; en uno de estos, hace poco más de dos años, simple y sencillamente me puse a escribir.

Un simple experimento me llevó a uno de mis más importantes proyectos; una historia que comenzó como una serie de ideas escritas conforme me llegaban a la cabeza: Un personaje con un trabajo infame; ya sé, en un vertedero de basura... en un lugar perdido... en el desierto, no, en la luna, no, mejor en una luna de Júpiter...


NOVA-GEN AlLPHA, Luna Matriz II, Libros…

–Señorita, ¡Haga el favor de identificarse…!

-¡¿Qué?!

-Por favor señorita, dígame su nombre, no recuerdo haberla visto antes, y sinceramente no olvidaría a una joven con un rostro tan bello como el suyo.

Decía un guardia de seguridad, con una enorme e hipócrita sonrisa, tratando de parecer “gracioso” y “galante”…

-¡Genny!, Genny di Romeo, me afeite la cabeza, creo que por eso todo el mundo me dice que no me reconoce -respondió Genny, con una de sus inocentes sonrisas.

-Tanto gusto, Genny,  Gastón de la Poer, a sus órdenes -le dijo, mientras besaba “caballerosamente” su mano.

-¿A mis órdenes? -dijo Genny con incredulidad.

–Para lo que usted guste y mande, ¿Puedo acompañarla? -dijo el guardia.

-Gracias, llevo a Miker a su cita en el área médica ¿Conoces a Miker?

Hasta entonces, el tipo pareció reparar en el bulto de 90 kilos que se encontraba en el remolcador personal.

-Sígame, es por aquí, sí, al señor Miker lo recuerdo, ¿Es su padre? -(desgraciado hijo de…).

-Claro que no, Miker es un buen amigo -dijo Genny, sonriendo de nuevo.

-Oh, me disculpo.

Claro que yo también lo recordaba. Gastón Hernández de la Poer, aunque le gustaba que lo llamaran “Gastón de la Poer”, quizá en eso, en recortarse el nombre, era en lo único en que coincidíamos. 25 años, llegado desde hacía 3 a esta colonia, se había graduado con todos los honores a los 18 años, y a los 21 ya contaba con especialidades en logística, investigación de operaciones, investigación forense, y análisis criminalístico. Venir a explorar este sistema de lunas representaba un reto más en su larga cadena de logros, y apenas con año y medio aquí, ya era capitán del cuerpo de guardias, jefe del área de seguridad, y encargado de los itinerarios de las trasportadores, era, pues, la mano derecha de la directora general.

Y también era un casanova con bastante ímpetu, aunque poco tino a últimas fechas. No era que no tuviera suerte, sus rasgos marcados, tez morena clara, 1.85 de estatura, su físico delgado y atlético sin duda eran buena carta de presentación, sin embargo su fama de sinvergüenza y promiscuo lo precedía.

No, no nos caímos bien para nada desde el primer día que nos conocimos. Mi apariencia  sucia y descuidada, mis maneras toscas, y mi tendencia a ser distante en un plano afectivo, chocaban con su apariencia pulcra, sus maneras refinadas, así como su actitud galante para con todas las mujeres de la colonia (excepto quizá la propia directora), y no sólo eso, recuerdo que a Margaritka le pareció un tipo de lo más hipócrita y repugnante, el que a él lo ignorara y conversara tan animadamente conmigo, y que fuera de los pocos a los que Margaritka permitió llamarla por su nombre, fue algo que para nada le agradó al tal de la Poer. En fin, llegamos pronto al área médica. 

-¿Puedo acompañarte en lo que esperas que salga tu amigo? -Insistió con Genny, tuteándola.

–Gracias, prefiero acompañarlo, hasta luego -y lo despidió.

-Debes de cuidarte de ese tipo -le dije.

-Lo sé, no lo noté muy sincero, no me inspiró confianza en lo absoluto. En cambio, tu otra amiga, Margaritka, aunque al parecer no le caí bien, me pareció buena persona.

Vaya, recordé que parecía poder “leer” el comportamiento de la gente. Comenzaron un tratamiento para limpiar mi sangre del veneno de… la rata, que según me dijeron, podía provocar mareos, fatiga y malestar estomacal (¿En serio?), y terapia de choques eléctricos para desinflamar mi lesión en la columna. El lavado de sangre no fue muy agradable, los choques fueron realmente relajantes. Mientras tanto Margaritka continuaba revisando a Dew. 

–Parece que estás muy bien, sólo algunos golpes, aprovecharé para cambiar algunas piezas y actualizar software. Me sorprende que funciones tan bien luego de tantos años de uso -le dijo.

–Como le indiqué, señora Arbus, he sido constantemente actualizado -agregó el robot.


NOVA-GEN ALPHA, Luna Matriz I.


Faltaban unas dos horas para la llegada anunciada del recolector... cuando llegó. ¿Qué la gente no puede llegar tarde como en la Tierra...?

En fin, la alarma me despertó tan abruptamente que casi me caí de la cama, lo único que me detuvo fue darme cuenta que caería sobre ella, sobre Genny, que había dormido en el suelo. Había quedado con medio cuerpo en la cama, y medio cuerpo en el aire, sosteniéndome con los brazos, estaba buscando la forma de levantarme cuando las frías manos de Dew me auxiliaron... Que agradable es cuando todo y todos tienen un nombre... ¿Saben?

-Llaman a la puerta, señor Miker -reiteró el robot.

Como pude me incorporé, me sentía mareado, con un hueco enorme en el estómago, que parecía implosionar, con la presión baja... sí, iba a ser un lindo y jodido día.

-¡Un momento!, ¡Estoy desnudo! -fue la única estupidez que se me ocurrió gritar, Genny se había despertado ya.

-Es el momento -le dije en voz baja.

El robot tenía ya la jeringa lista. Ella asintió y metió los pies en el contenedor, el robot le puso la inyección con sumo cuidado, antes de meterse por completo, ella me dio un fuerte abrazo.

-Todo saldrá bien, no te preocupes -me dijo.

Diablos... Se acomodó, se puso la mascarilla, y me dirigió una última mirada, el robot cerró el contenedor, todo pasó tan rápido que no alcancé a reaccionar siquiera. Me despabilé e intenté concentrarme sobre lo que tenía que hacer.

-Bien Dew, a partir de ahora, debes ser muy discreto, ¿Está bien? -le dije al robot.

-Afirmativo, señor Miker -respondió sin énfasis alguno.

En esos momentos, realmente estaba deseando recordar como hace uno para santiguarse, como me enseñó mi madre cuando era niño, lo había olvidado hacía muchos años ya.

Traté de recobrar la compostura, le hice un gesto al robot, y al fin comencé a caminar. Salí, seguido por el robot, que llevaba mi "equipaje" con el remolcador auxiliar, el sol comenzaba a clarear, no se veían ratas en los alrededores.

-¡Que decepción Miker! ¡Creí que saldrías desnudo muchachote!, mira que bien te ves, ¡Por fin te afeitaste! -Me dijo, con el mayor entusiasmo posible la piloto del recolector; Akesha.

Era una mujer de unos cuarenta y tantos años, metro y medio, y tan rolliza como alegre. Su labor consistía en dar rondas periódicas por las lunas, llevando y recogiendo personal, materiales, herramientas, y en mi caso, pasaba cada semana a recoger las aleaciones que rescataba. Eso, y el coquetear con los trabajadores, eran sus actividades primordiales, cosa de la que me había dado cuenta desde que la conocí, hacía ya varios meses.

Al principio me asustó cuando, con su natural desenfado, me dijo, justo desde la primera semana que llegué al vertedero; "¿Sabes amigote?, me encanta ‘tu’ luna, me gusta tanto que me quedaría de buena gana un largo rato, si tú me lo pides". Cosa que no hice, pero que, sinceramente, hace un par de días, antes de mi "descubrimiento", estaba realmente considerando en hacer... ¿Saben?... ups. Sea, me dio un abrazo y un beso en la mejilla: 

-¡Vaya Miker!, me debes un buen rato a solas en "tu" luna, cúrate y regresa pronto, ¿Sí amigote?

-Jeje... esperemos a que me recupere... gracias.

La conversación siguió en el mismo tenor, en ese momento, Genny, que aún no se quedaba dormida, estaba totalmente estupefacta por lo que alcanzaba a escuchar… la visión de su rostro hubiera sido impagable. Le pedí al robot que fuera al depósito y trajera la aleación que habíamos recuperado durante la semana, mientras tanto, me pesaría con mi "equipaje".

-Bien muchachote, párate aquí, con tu maleta -me dijo Akesha.

Empecé a sudar frío, el primer obstáculo. Crucé los dedos cuando el medidor electrónico comenzó a correr, un número tras otro, cada uno mayor que el anterior... Sentí que me arrancaban el alma y la arrojaban a las ratas cuando vi el número, y Akesha lo reiteró.

161,511 g.

-¡Miker!, ¡¡¡Estás pasado por 11 gramos!!! ¿Acaso te comiste a la maldita rata que te mordió con todo y su manada?-, ahora tengo que revisarte, y yo que tengo una maldita prisa por largarme de aquí... en fin.

¡¡¡Me revuelco en todos los malditos diablos que se pudren en el infierno, 11 gramos!!!

-¿E... estás segura? -balbucee.

-¿Crees que la máquina se puede equivocar tipo?, en fin, voy por el scanner corporal, ve abriendo tu maleta, ya sabes, el maldito protocolo.

Mi corazón bombeaba sangre tan fuerte que estaba a punto de salírseme por la boca, ¡¡¡Todo se lo iba a llevar el carajo!!! Me llevé las dos manos a la frente cuando una ligera sensación en mi mano izquierda me dio una esperanza...

Me quedé viendo a mi mano como el soberano idiota que soy, no podía creerlo. A estas alturas, una disculpa sobre haber olvidado ese "pequeño" detalle, salía sobrando. Sí, me largué hace un año hasta el otro lado del sistema luego de cinco años de haberme divorciado, y sí, lo hice para olvidar a mi exesposa, y sí, el reverendo imbécil de mí, en todos esos malditos seis años, no me había quitado la maldita sortija de la mano.


NOVA-GEN ALPHA. En el Vertedero V, Genova.

Despertar sobresaltado se estaba volviendo normal, aunque no me estaba acostumbrando para nada a ello.

Si en uno de tantos giros mientras dormía, mi mano no la hubiera tocado, jamás me habría dado cuenta que estaba dormida junto a mí, ¿Saben? En fin, luego del sobresalto inicial, me levanté trabajosamente, la espalda molestaba menos. El pathfinder estaba de pie, junto a la mesa, se limitó a saludarme con frialdad.

-Buen día, señor Miker.

-Buenos días hombre de hojalata, ¿Qué hay para hoy? -pregunté, con tono sarcástico.

-La señorita me dejó indicado que siguiera sus órdenes, y que le informara de ello. Me dijo que confiaba en su buen juicio para comenzar a preparar la partida, señor Miker.

-¿Hace cuánto que duerme ella?

-Unas 3 horas señor Miker -Respondió el robot.

-Bien, no la molestemos.

-Me parece lo más prudente, señor Miker.

Me senté en el sillón, tratando de ordenar mis pensamientos, decidí conversar con mi "amigo".

-Bien pathfinder... amigo, bueno, empecemos por eso, "pathfinder" es demasiado formal, y "amigo", demasiado impersonal, ¿Hay alguna otra forma en que te llamen?

Su respuesta fue pronta:

-Todos los demás trabajadores me han llamado siempre "asistente", "jefe asistente" o "robot", señor Miker.

-¿Pero en algún momento te deben de haber llamado de otra forma, no es así?

 -Así es señor Miker, sin embargo, no se me permite usar palabras ofensivas o altisonantes al conversar con las personas.

-Jeje... ¿Nada aparte de insultos?

El robot se quedó callado un buen rato, repasando sus bancos de memoria, hasta que por fin escupió:

-"Dew", así me llamó la paciente "C", me parece que fue una pronunciación errónea de mi número de serie, señor Miker.

-Dew, me gusta, ¿Te gusta para tu nuevo nombre?

-Ya tengo un nombre, señor Miker -retobó.

-Pues ahora tienes un nombre más, uno de amigos, uno con el que la señorita y yo nos referiremos a ti, ¿te agrada?

-Me halaga, señor Miker -se limitó a responder.

No era sólo que deseaba que el robot se sintiera más integrado, pues aún tenía mis dudas con el dichoso código azul, sino que, frente a los demás, realmente me conviene mostrar mayor familiaridad entre esta máquina y nosotros.

-Bien Dew, sabes que ahora es inevitable que la señorita nos acompañe...

no terminaba de hablar cuando me interrumpió.

-¿Nos acompañe, señor Miker?

-Así es Dew, tú también vendrás con nosotros.

-Eso realmente me agradaría, señor Miker, dejar este sistema de lunas y seguir a su servicio -Dijo en un tono ciertamente alegre, vaya, parece que por fin había logrado sobornar en cierta forma a esta maldita máquina, además, no me convenía para nada dejarlo por ahí y que de un día para otro se le ocurriera abrir la boca, si la tuviera, además que su procesador me sería útil.

-Bueno, como te decía, es inevitable que venga con nosotros, ya he trazado un plan, pero creo que será muy bueno que me auxilies en cada paso, y que me informes de cada error o agujero abierto que deje, ¿Te parece Dew?

-Así lo haré, señor Miker -sonreí.

 -Una cosa más Dew, ¿sabes cortar el cabello?

-Afirmativo, señor Miker.

El robot fue eficiente, me cortó rápido el pelo, se lo pedí lo más corto posible. Tomé un baño, me afeite por completo, y cuando digo por completo, fue por completo. Necesitaba ahorrar el mayor peso posible si quería seguir con mi plan. Me puse ropa limpia (que ella había lavado) y un overol, me pesé, había perdido casi 2 kilogramos, excelente, aparte de la rasurada, había vuelto a perder peso. En cuanto a mi peso corporal, podía justificar hasta 1.5 kilogramos de exceso, más de eso requeriría un examen físico, y abrir mis maletas para quitar peso extra, un lujo que no me podía permitir.

Mi peso al llegar fue de 91 kilogramos, más o menos, y mis pertenencias y otras cosas, 60 kilogramos.

-¿Sabes cuál es el peso de la señorita Dew?

-57 kilogramos, según estimó la cápsula de emergencia, señor Miker, aunque estaba muy deshidratada.

Casi excelente, si no fuera porque no podía dejar todo, así que comencé a hacer malabares.

-Trae el remolcador auxiliar, Dew.

-En un momento señor Miker.

El robot volvió pronto con el remolcador, podría darme pesos aproximados, aparté un cambio de ropa y otro overol, además de una mascarilla y un tanque mediano de oxígeno, la pistola de descargas opioides, la otra pistola, mi tarjeta, una memoria, y ya eran más de 10 kilogramos. Hice que el robot acomodadora en una maleta el resto de mi ropa (me dio pena, después de todo, ella la había lavado...), algunas herramientas, todos mis libros, memorias, notas, apuntes... 49 kilogramos. Abrí un pequeño maletín con cosas personales. Desodorante, un rastrillo, cortauñas, una navaja, y un montón de cachivaches más por el estilo, todo excepto la navaja se fue a la maleta grande. Una par de fotos de mi familia, de mi ex esposa, cartas que ella me escribió, todo se fue también a la maleta. Sólo aparté una foto dónde aparecía siendo niño, con mis padres. 55.5 kilogramos, recordé el libro que arrojé, 56 kilogramos, me deshice de la navaja y la memoria, 57 kilogramos, suficiente por ahora, ya me las arreglaré con el resto, no importaba que dejara un par de cosas en el bunker, pero de esto sí me tenía que deshacer.

"Libro".
-Acompáñame afuera Dew, trae el remolcador principal.

-Como ordene, señor Miker.

lunes, 13 de mayo de 2013

Actualización de Imágenes (II).

Como expliqué en un episodio anterior, estoy resubiendo algunas imágenes que he escaneado con mejor calidad. También hay imágenes unitarias que agrego a las galerías, no queriendo llenarme de post para cada una. Dado que blogger no avisa a mis seguidores si modifico las galerías, es que hago este tipo de actualizaciones.

En fin, las galerías que he actualizado son:


Concretamente las imágenes:

"Tatuaje Om"
 "Tatoo Om"

 Tinta/papel.
 Ink/paper. 

 "Escribiente".
Tinta/papel.
 


viernes, 10 de mayo de 2013

Libro: Los autos Más Lujosos de la Historia (Automovil Panamericano).

Los autos Más Lujosos de la Historia.
Automovil Panamericano 2009, editorial Motorpress Televisa SA de CV (* * * * * * - - -).




La revista Automóvil Panamericano, la más difundida del tema del automóvil en México, nos obsequió en el año 2009 con la publicación especial "Los autos Más Lujosos de la Historia", un compendio bastante completo, ameno e interesante de algunos de los autos de lujo más representativos de la historia, bien sea por su tecnología, precio, nivel de representación, tamaño, potencia, innovación, diseño, deportividad, o todas las anteriores.

Hace especial incapié en la época de la preguerra, una de las más interesantes (y a título personal, de mis favoritas), cuando cosas como ergonomía, aerodinámica o ecología estaban en pañales (o ni siquiera existían), pero esto para nada conlleva un ápice de negatividad, todo lo contrario, no había que ser "políticamente correcto" en ningún aspecto, por lo que todo fue un exceso, dejando para la posteridad algunas de las piezas más revolucionarias y hermosas de la historia automotriz, al menos, las que alcanzaron a sobrevivir de la destrucción y el reciclaje de materiales de la segunda guerra mundial y los años posteriores inmediatos.

domingo, 5 de mayo de 2013

Rinoceronte Negro, Extinción (Actualización) Dato Inútil del día.

Rinoceronte negro o de labio ganchudo (Diceros Bicornis).


Especie amenazada, por su caza excesiva inicialmente, y por la caza furtiva con motivos pseudo-medicinales en décadas recientes. su estado de conservación se considera en Peligro Crítico según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), pues se considera que enfrenta un riesgo extremadamente alto de extinción en estado silvestre.

Para estar en esta categoría, una especie debe mostrar una fuerte caída de entre un 80 % y un 90 % de su población en los últimos 10 años o 3 generaciones, fluctuaciones, disminución o fragmentación en su rango de distribución geográfica, o una población estimada siempre menor que 250 individuos maduros.

Se clasificaron ocho subespecies: